EL PADRE NUESTRO
MATEO 6: 9 – 13
Se debe comenzar diciendo que este es una oración que Jesús enseñó a sus discípulos. Mateo lo coloca la totalidad del sermón del monte en un contexto social de la comunidad de los discípulos, y Lucas dice que Jesús enseñó esta oración a pedido de uno de sus discípulos. Lo primero que debemos recodar del padre nuestro es que solamente un discípulo de Jesucristo puede repetir significativamente sus palabras. El padre nuestro no es una oración para niños, como muchos lo consideran, porque para el niño carece de sentido. El padre nuestro no es la oración devocional de la familia, como también se le puede entender, a menos que cuando digamos “familia” entendamos la familia de la iglesia. El padre nuestro es específica y definitivamente del discípulo. Para decirlo de otra manera, solamente se puede orar o rezar el Padre nuestro cuando el que ora usando sus palabras sabe el significado de lo que esta diciendo, y nadie puede saberlo hasta no haber ingresado en el discipulado cristiano.
En segundo lugar, debemos tomar notas el orden de las peticiones del Padre nuestro. Las primeras tres tienen que ver con Dios y con su gloria de Dios; las últimas peticiones (tres también) tienen que ver con nosotros y nuestras peticiones. E s decir, Dios recibe, en primer lugar, el sitio supremo, y sólo entonces nos volvemos a nuestras necesidades y deseos. Solamente cuando le da a Dios su lugar propio todo lo demás pasa a ocupar el lugar que le corresponde. La oración nunca debe ser un intento de torcer la voluntad de DIOS para adecuarla a nuestros deseos. La oración, cuando es auténtica, siempre es un intento de someter nuestras voluntades a la voluntad de Dios.
La segunda parte de nuestra oración, que se ocupa de nuestras necesidades y carencias, es una unidad lograda de manera maravillosa. Se ocupa de tres necesidades esenciales del ser humano, y de las tres esferas del tiempo en la que se mueve el hombre. En primer lugar, pide pan, o sea aquello que es esencial para el sustento material de la vida, elevando al trono de Dios, de este modo, las necesidades del presente. En segundo lugar, pide perdón, poniendo de este modo el pasado ante los ojos de Dios, y de la gracias perdonadora del Padre. En tercer lugar, pide ayuda en las tentaciones, colocando así el futuro en las manos de Dios. En estas breves peticiones se nos enseña a colocar el presente, el pasado y el futuro al pie del trono de la gracia divina.
Pero esta oración tan cuidadosamente elaborada no solamente coloca la totalidad e la vida humana ante la misericordia de divina; también procura traer la totalidad de Dios a nuestras vidas. Cuando pedimos pan para el sustento de nuestras vidas terrenales, este pensamiento inmediatamente nos dirigirá a Dios el padre, Creador, y Sustentador de la vida. Cuando pedimos perdón, esta petición inmediatamente lleva nuestros pensamientos a Dios el hijo Jesucristo, el Salvador y Redentor. Cuando pedimos ayuda en las tentaciones futuras, esa solicitud inmediatamente nos lleva a pensar en Dios el Espíritu Santo, el Consolador, Fortalecedor, iluminador, Guía y Guardián de nuestra senda.
Del modo más maravilloso esta breve segunda parte del padre nuestro toma el presente
El pasado, y el futuro del hombre y los ofrece a Dios, el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo, a Dios en su plenitud. En el padre nuestro Jesús nos enseña a llevar la totalidad de nuestra vida a Dios en su totalidad, y traer a Dios, en su totalidad, Padre, Hijo y Espíritu Santo, a la totalidad de nuestras vidas.
EL PADRE QUE ESTA EN LOS CIELOS
Puede decirse que la palabra Padre, referida a Dios, es un resumen compacto del contenido de la fe cristiana. El gran valor de esta palabra, Padre es que ordena la totalidad de las relaciones de esta vida.
1- ORDENA LAS RELACIONES CON EL MUNDO INVISIBLE
Los misioneros dicen que uno de los grandes alivios que el cristianismo lleva a los paganos es la certeza de que hay solamente un Dios. Ellos creen que existen multitudes de dioses, que cada corriente de agua o río, cada árbol o valle, cada montaña o bosque, cada fuerza de la naturaleza tiene su propio dios. El pagano vive en un mundo superpoblado de dioses. Estos además, son celosos egoístas y hostiles. Constantemente deben ser aplacados, y el adorador nunca puede estar seguro de haber honrado todos. La consecuencia esa que el pagano vive en el terror de los dioses; su religión no le ayuda, sino que lo acosa.
Por eso cuando descubrimos que el Dios a quien dirigimos nuestra oración tiene el nombre y un corazón de un padre, la cosa cambia totalmente. Y ano necesitamos temblar de miedo ante una horda de dioses iracundos; podemos descansar en el amor de un padre.
2 – ORDENA NUESTRA RELACIONES CON EL MUNDO VISIBLE, este mundo del tiempo y del tiempo y el espacio en que vivimos. Es muy fácil concebir este mundo como una realidad hostil. Están las oportunidades y las mutaciones de la vida, están las leyes de hierro del universo que solamente podemos contravenir a nuestro propio riesgo; están el sufrimiento y la muerte, pero si podemos estar seguros que por detrás de este mundo no hay una deidad caprichosa, egoísta burlona, sino un Dios cuyo nombre es Padre, aunque muchos puedan vivir en tinieblas, nos resulta soportable, porque en el fondo de todas las cosas esta el amor. Siempre nos ayudará concebir este mundo como un todo organizado, no tanto para nuestra comodidad como para nuestra formación. Tomemos por ejemplo, el dolor podrá parecer algo malo, negativo, pero tiene su lugar dentro del orden establecido por Dios. Ocurre, a veces, que alguien está constituido de manera tan anormal que es incapaz de experimentar dolor. Tal persona es un peligro para si misma y un problema para todos los demás. Si no existiera el dolor, nunca sabríamos cuándo estamos enfermos, y probablemente moriríamos antes que pudieran tomarse
medidas para curarnos. Esto no quiere decir que el mal no pueda convertirse negativo, malo; significa que muchas veces, quizá la mayoría, el dolor es la, luz roja que Dios enciende para advertirnos que nos amenaza un peligro.
3 – SI CREEMOS QUE DIOS ES NUESTRO PADRE, se ordenan nuestras relaciones con el prójimo. Si Dios es Padre, lo es de todos los hombres. El padre nuestro no nos enseña a decir padre mío; nos obliga a decir “padre nuestro”. Es significativo que el padre nuestro no aparezcan la palabra “yo”, “mi”, o “mío”. Esto nos autoriza para decir que Jesús vino para eliminar estas palabras de la vida, remplazándolas por “nosotros” y “nuestro”. Dios no es posesión exclusiva de ningún hombre. La expresión “Padre nuestro” elimina el yo egoísta. L a paternidad de Dios es la única base posible de la fraternidad de todos los hombres.
4 – SI CREEMOS QUE DIOS ES NUESTRO PADRE, se ordenan nuestras relaciones con nosotros mismos. Hay m omentos en la vida en que todos nos odiamos y despreciamos a nosotros mismos. Sabemos que estamos por debajo aun de las cosas mas asquerosas que se arrastran sobre la tierra. El corazón conoce sus propias amarguras, y nadie conoce indignidad mejor que nosotros mismos. Esto es precisamente lo que hace Dios. En los momentos más negros y terribles y áridos de nuestra vida, siempre podemos recordar que, que aunque a nadie le importa de nosotros, Dios nos ama; que en la infinita misericordia somos de linaje real, hijos del Rey de Reyes.
5 – SI CREEMOS QUE DIOS ES NUESTRO PADRE, se ordenan nuestras relaciones con Dios. No se tarta de eliminar la majestad, el poder divino, sino que hacer que éstos no impidan que nos acerquemos a El. El poder, la majestad y la gloria de Dios son el poder, la majestad y la gloria de alguien a quien Jesús nos enseño a llamar “padre nuestro”.
Estas palabras nos recuerdan el poder de Dios, En el amor humano demasiado a menudo experimentamos la tragedia de la frustración. Podemos amar a una persona y sin embargo, ser impotente para ayudarle a alcanzar algo, o impedirle que haga algo. El amor humano puede ser muy intenso – pero muy impotente. Lo sabe todo padre cuyo hijo ha tomado un mal camino, como todo enamorado cuyo amado, o amada, no retribuye sus sentimientos. Pero cuando decimos padre nuestro – que estás en los cielos colocamos dos cosas una junto a la otra. Colocamos lado alado el amor de Dios y el poder de Dios. Nos estamos diciendo que el poder de Dios siempre actúa motivado por su amor, y que jamás habrá de ejercerse para nada que no sea nuestro propio bien. Y nos estamos diciendo que el amor de Dios siempre va respaldado por su poder, y que por lo tanto sus propósitos nunca pueden ser últimamente frustrados o derrotados. Cuando oramos diciendo padre nuestro – que estas en los cielos debemos siempre tener presente la santidad de Dios, y recordar siempre su poder que manifiesta los impulsos de su amor, y su amor, respaldado siempre por el invencible poder de Dios.
“SANTIFICADO SEA TU NOMBRE”
Es probable que entre todas las peticiones del Padrenuestro esta sea la que posee un significado más difícil en expresar en otras palabras. Si se nos preguntara qué significa concretamente, esta petición, muy pocos encontrarían fácil dar una respuesta directa. “SANTIFICAR” Significa considerar diferente, otorgar un lugar único, especial. El nombre de la naturaleza, el carácter de una persona, en la medida que hemos llegado a conocerla. Por lo tanto decimos “Santificado sea tu nombre”, queremos significar “Haznos capaces para darle el lugar único que Tu naturaleza y carácter merecen y exigen.” La petición que elevamos a Dios es para que nos haga capaces de otorgarle el único que por su naturaleza ha de ocupar.
¿Existe, pues, una palabra que resuma el significado de esta petición de reconocimiento que la naturaleza de Dios nos impone? Sin duda la hay, es la palabra REVERENCIA. Esta Petición consiste en pedirle a Dios que nos haga reverentes para que podamos reverenciarlo tal como El lo merece. Hay cuatro elementos esenciales de toda verdadera reverencia hacia Dios:
1 – Para reverenciar a Dios debemos creer que existe. No podemos reverenciar a alguien que no existe. Debemos comenzar estando seguro de la existencia de Dios. Resulta extraño, para la mentalidad moderna, que en ningún lugar de la Biblia se intente demostrar la existencia de Dios. Para la Biblia Dios es un axioma. Un axioma es una verdad evidente por si misma que no necesita ser demostrada, sino que constituye el fundamento de otras demostraciones. Los escritores bíblicos hubieran dicho que era inútil demostrar la existencia de Dios, porque Dios formaba parte de su experiencia cotidiana. Hubieran dicho que era tan innecesario que un hombre demostrara la existencia de Dios como demostrara la existencia de su esposa. Se encuentra con ella todos los días, y se encuentra todos los días con Dios
Supongamos que necesitamos demostrar que Dios existe, podemos comenzar a partir de nosotros mismo. Lo único que el hombre jamás ha conseguido crear es la vida. El hombre puede alterar y reordenar y cambiar las cosas, pero no puede fabricar un ser viviente. ¿De dónde, entonces, hemos sacado nuestra vida? De nuestros padres. Sí pero ¿de donde la han sacado nuestros padres? De los suyos. ¿Pero dónde comenzó todo? En algún momento la vida debe haber hecho aparición sobre la Tierra , y haber venido de fuera del mundo, porque el hombre no puede crear la vida. Y nuevamente somos llevados hasta Dios.
2 – Antes de poder reverenciar a Dios no solamente debemos creer que existe, sino que debemos saber que clase de Dios se trata. Nadie puede reverenciar dioses inmorales, caprichosos, impuros. Pero en Dios, tal como nosotros lo conocemos, hay tres grandes cualidades: Hay santidad, hay justicia y hay amor. Debemos reverenciar Dios no solamente porque existe, sino porque en la clase de Dios que nosotros conocemos.
3 – Pero se puede saber que Dios existe, y se puede estar convencido intelectualmente de que Dios es santo, justo y puro amor, sin embargo no experimentar reverencia. Para que haya reverencia debe haber una permanente percepción de la realidad de Dios. Reverenciar a Dios significa vivir en un mundo que esta lleno de Dios, vivir de tal manera que nunca sea posible olvidarse de El. Esta conciencia permanente de la realidad de Dios ciertamente no esta confinada a la iglesia o los así llamados lugares santos. Debe ser una conciencia que se dé siempre, y en cualquier lugar.
Dios en el callejón de un barrio, Dios en un parque, Dios en el quiosco de pescado frito. Esto es reverencia de Dios de manera espasmódica. En ciertos lugares y momentos es intensa, o en otros brisa por su ausencia. La reverencia es estar constantemente consciente de la presencia de Dios.
4 – Debemos creer que Dios existe; debemos saber que clase de Dios es; debemos ser consciente todo el tiempo de su presencia. Pero se pueden tener todas estas cosas y no experimentar reverencia.
A todas estas cosas debe agregarse el sometimiento y la obediencia a Dios. La reverencia es conocimiento más obediencia.
Saber que Dios existe, saber que clase de Dios es, ser constante de su presencia y obedecerle todo el tiempo – esto es reverencia. Esto es por lo que oramos cuando decimos: “ Santificado sea tu nombre.” Reciba Dios la reverencia que su naturaleza y carácter merecen.
EL REINO DE DIOS Y SU VOLUNTAD
“VENGA TU REINO, HAGASE TU VOLUNTAD, COMO EN EL CIELO, ASI TAMBIEN EN LA TIERRA ”·
La frase el Reino de Dios es característica del Nuevo Testamento. No hay otra expresión que se use más frecuentemente en la oración, en la predicación y en la literatura cristiana. Por lo tanto, es de primordial importancia que tengamos bien en cuenta cual e su significado.-
Es bien evidente que el Reino de Dios ocupaba una posición central en el mensaje de Jesús. La primera aparición de Jesús. La primera aparición de Jesús en la escena de la historia es cuando va a Galilea predicando las buenas nuevas del Reino de Dios (Marcos 1: 14). Jesús mismo describió la predicación del Reino como una obligación que le había sido impuesta: “es necesario que también a otras ciudades anuncie el evangelio del Reino de Dios, por que para esto he sido enviado” (Lucas 4: 43; Marcos 1: 38). Según la descripción de la actividad de Jesús que nos ofrece Lucas, dedicaba todo su tiempo a recorrer las ciudades y poblados, predicando y poniendo de manifiesto las buenas nuevas del Reino de Dios (Lucas 8: 1). Evidentemente el significado de la expresión “el Reino de Dios” o “de los cielos” es algo que debemos procurar comprender.
Cuando intentamos hacerlo, nos tropezamos inmediatamente con algunos hechos que dificultan la comprensión y despiertan nuestra curiosidad. Jesús habló del Reino que existía de tres maneras diferentes. Habló del Reino que existía en el pasado. Dijo que Abraham, Isaac, Jacob y los profetas estaban en el Reino (Lucas 13: 28; Mateo 8: 11). Resulta evidente, a partir de esta información, que el Reino existía en una época muy remota del pasado. También dijo que el Reino era una realidad presente, aquí y ahora. Pero también dijo que el Reino se daría en el futuro, porque enseñó a sus discípulos a orar pidiendo que viniera el Reino, en ésta su propia oración. ¿Cómo es posible que el Reino sea una realidad pasada, presente y futura, al mismo tiempo? ¿Cómo puede ser que el Reino sea simultáneamente algo del pasado, un hecho presente y algo por lo que debemos orar, para que venga, en el futuro?
Encontraremos la clave de este problema en era doble `petición del padre nuestro. Una de las características más comunes del estilo poético hebreo es lo que técnicamente se conoce como paralelismo. Los hebreos tendían a decir todas las cosas dos veces. Decían algo de una manera, inmediatamente después volvían a decir lo mismo de otra manera, que interpretaba, ampliaba o simplemente repetía lo que había dicho primero. Casi todos los versículos de los salmos podrían servir como ejemplo de esta modalidad. Por lo general están divididos por la mitad, y la segunda mitad amplia, explica o repite la idea de la primera mitad.
Al aplicar este principio a las dos peticiones del padre nuestro que estamos examinando. Coloquémoslas en una misma línea, lado a lado;
“Venga tu Reino – Hágase tu voluntad, como en el cielo, así también en la tierra.”
Supongamos que la segunda petición explica, amplía y definitivamente la primera. Tenemos entonces la definición perfecta del Reino de Dios es una sociedad, en la Tierra , donde la voluntad de Dios se hace de manera tan perfecta como en el cielo. Aquí tenemos la explicación de cómo el Reino puede ser una realidad pasada, presente y también futura, al mismo tiempo. Todo aquel que obedezca de manera perfecta la voluntad de Dios está dentro del Reino. Pero desde que el mundo dista mucho de ser un lugar donde la voluntad de Dios se haga de manera `perfecta y universal, la consumación del Reino es todavía un futuro, algo por lo que debemos orar.
Estar en el Reino es obedecer la voluntad de Dios. Inmediatamente `percibimos que el Reino de Dios no tiene que ver primordialmente con las naciones, los reinos y los países de este mundo. Es algo que tiene que ver con cada uno de nosotros. El Reino es lo más personal que hay sobre la tierra. El Reino exige la sumisión de mi voluntad, de mi corazón, de mi vida. Solo cuando cada uno de nosotros ha tomado la decisión `personal de someterse ala voluntad de Dios, viene el Reino.
Los cristianos chinos repetían frecuentemente una oración que ha llegado a ser bien conocida de muchos: “Señor, reaviva tu Iglesia, comenzando por mi.” Y podríamos parafrasear estas palabras diciendo: “Señor, trae tu Reino, comenzando por mi:” Orar por el Reino de Dios es orar por el sometimiento total de nuestras voluntades a la voluntad de Dios.
NUESTRO PAN COTIDIANO
Cuando advertimos que esta petición es simplemente un ruego por las necesidades materiales cotidianas, se desprenden de ella ciertas verdades de tremenda magnitud.
(1) Nos dice que a Dios le interesan nuestros cuerpos. Jesús nos lo mostró; dedicó mucho de su tiempo a la curación de las enfermedades físicas de los hombres de su tiempo, y satisfizo el hambre física de los hombres de sus seguidores, en varias oportunidades. Se preocupó cuando una cantidad considerable de personas había salido a escucharlo predicar en un lugar solitario, y habiendo estado todo el día con El no tenían nada para comer y sus hogares estaban distantes. Nos hace bien recordar que Dios está interesado en nuestros cuerpos. Cualquier enseñanza que desprecie, disminuya o denigre el cuerpo es mala. Podemos darnos cuenta de la importancia que Dios da al cuerpo, además cuando pensamos que Jesucristo, su Hijo, tuvo un cuerpo como el nuestro. El cristianismo tiene como meta no solamente la salvación del alma, sino la salvación del hombre entero; cuerpo, mente y espíritu.
(2) Esta petición nos enseña a orar por nuestro pan del día presente. Nos enseña a vivir de día en día, y no estar ansiosos por el futuro distante y desconocido. Cuando Jesús les enseñó a sus discípulos a orar en los términos de esta petición, no cabe duda de que su mente evocaba la situación de los judíos en el desierto, durante el éxodo, cuando diariamente recibían el maná. (Éxodo16: 1- 21)
Por implicación, esta cláusula del padre nuestro da a Dios el lugar que le corresponde. Admite que de Dios es de quien recibimos los alimentos necesarios para mantener la vida. Todas las cosas vivas provienen de Dios. El alimento que consumimos es un don directo de Dios.
(3) Esta petición nos recuerda, de manera sumamente sabia, cómo opera la oración. Si alguien orara esta oración, y después se quedara sentado esperando que el pan le cayera del cielo, ciertamente se moriría de hambre. La oración y el trabajo deben ir de la mano, que cuando oramos, debemos ponernos a trabajar para que nuestras oraciones se conviertan en realidad. Es cierto que la semilla viva es un Don de Dios, pero también lo es que el hombre debe sembrarla y cultivarla. Cuando decimos las palabras de esta petición estamos reconociendo dos verdades fundamentales: que sin Dios no podemos hacer nada, y que sin nuestro esfuerzo y cooperación Dios no puede hacer nada por nosotros.
Debe notarse que Jesús no nos enseña a decir “dame hoy mi pan cotidiano”. Nuestra oración debe ser: “danos hoy nuestro pan cotidiano”. El problema del mundo no es que no haya suficiente para que alcance para todos, hay bastante y de sobra. El problema no es la producción de lo esencial para la vida, sino su distribución.
Esta oración nos enseña a no ser egoísta en nuestras oraciones. Es una oración que nosotros podemos cumplir en parte, colaborando con Dios, compartiendo lo que nos sobra con aquellos a quienes les falta. Esta oración no solamente ruega para que nosotros recibamos lo que nos es necesario diariamente; también ruega que seamos capaces de compartir con otros lo que recibimos.
EL PERDON HUMANO Y EL DIVINO
Antes de poder repetir esta petición, que forma parte del Padrenuestro, debemos darnos cuenta de la necesidad que tenemos de repetirla. E s decir, antes de repetir estas palabras, debemos ser conscientes de nuestro pecado. L apalabra “pecado” no es muy popular en nuestros días. La mayoría no quiere que se los trate como pecadores merecedores del infierno. El problema que la mayoría tiene un concepto equivocado de lo que significa ser pecador. Estarían perfectamente de acuerdo en que el ladrón, el borracho, el asesino, el adúltero, el blasfemo son pecadores; pero ellos no son culpables de ninguno de estos pecados; viven decentemente, llevan vidas respetables, nunca han sido llevados antes tribunales, ni han sido encarcelados, ni han aparecido en las páginas de noticias policiales. Por lo tanto, sienten que el pecado no tiene mucho que ver con ellos. Ene le Nuevo Testamento hay cinco palabras distintas que significan pecado.
(1)La palabra más común es jamartía. Este terminó significaba originalmente errar el blanco. No dar en el blanco era jamartía. Por lo tanto, el pecado es no ser, lo que deberíamos y hubiéramos podido ser. Esta es una situación en la cual todo nosotros participamos. ¿Somos un esposo, una esposa, tan bueno como podríamos ser? ¿Somos tan buena hija o hijo, como podríamos ser? ¿Somos tan buenos obreros o patrones, como podríamos ser? ¿Existe alguien que se atreva a pretender que es todo lo que pudo ser, o que ha hecho todo lo que estaba al alcance de sus posibilidades? Cuando nos damos cuenta de que “pecado” significa no haber llegado a dar en el blanco, no haber llegado a ser todo lo que hubiéramos podido ser, resulta evidente que todos somos pecadores.
(2) La segunda palabra que significa “pecado” es parabásis, que literalmente quiere decir “cruzar al otro lado”. Pecar es cruzar la línea que separa el bien del mal. ¿Nos quedamos siempre del lado de acá de la línea que separa la honestidad de la deshonestidad? ¿Es posible que no haya nunca en nosotros ni siquiera el menor gesto, la menor actitud deshonesta? ¿Estamos siempre en el lado correcto de la línea que separa la verdad de la mentira? ¿Alguna vez no hemos, de palabra o con nuestro silencio, aunque sea distorsionado un poco, o eludido en alguna medida la verdad? ¿Estamos siempre bien ubicados con respecto a la línea divisoria entre la amabilidad y la cortesía, por un lado, y el egoísmo y la brusquedad, por el otro? ¿Nunca hemos pronunciado una palabra descortés o actuado de manera poco bondadosa? Cuando lo pensamos de este modo, no puede que nadie pretenda haberse mantenido siempre en el lado correcto de la línea divisoria.
(3) La tercera palabra que significa “pecado” es paraptóma, que significa resbalón. Se trata del tipo de resbalón que podemos sufrir en un camino mojado, o sobre el hielo. L a diferencia con el término anterior es ente caso que el movimiento no es deliberado. A veces decimos que “se nos escapo” una palabra, un gesto, una acción o reacción; muchas veces nos sentimos arrastrados por un impulso, o una pasión, que se ha posesionado momentáneamente de nosotros y nos ha hecho perder nuestro dominio propio. Aun los mejores de entre nosotros pueden “resbalar” hacia el pecado cuando no estamos en guardia.
(4) La cuarta palabra que significa “pecado” es anomía, o sea actuar fuera de la ley. Se trata del pecado de quien conoce bien y sin embargo, hace el mal; el pecado de quien conoce la ley, pero deliberadamente la ignora en su acción. El primero de todos los instintos humanos es de hacer lo que se nos antoja. Por lo tanto, siempre hay momentos en la vida de cualquier hombre en que se decide a desafiar la ley y actuar por propia cuenta y responsabilidad. Decidimos conscientemente tomar lo que nos esta prohibido o tener aquello que la ley condena. Aunque haya quienes puedan decir que nunca han contravenido los Diez mandamientos, no existe quien pueda sostener que jamás ha deseado hacerlo.
(5) La quinta palabra que significa “pecado” e el Nuevo Testamento es ofeiléma, la palabra que aparece en el Padrenuestro y que significa literalmente “deuda”. Significa no pagar lo que se debe, dejar de cumplir con un deber. No hay quien pueda decir que en su vida ha cumplido de manera perfecta con todos los deberes hacia su prójimo y hacia Dios. Tal perfección no existe entre los seres humanos.
En conclusión, cuando examinamos de cerca el significado de la palabra “pecado”, nos damos cuenta de que es una enfermedad universal, de la cual participamos todos los hombres. Es muy posible que en la misma persona se den la respetabilidad exterior, a los ojos de los hombres, y la pecaminosidad interior, ante Dios. Todos los seres humanos, sin excepción, necesitan repetir esta petición del Padrenuestro.
Uno no solamente necesita darse cuenta de que ha de repetir, él también, esta petición del padrenuestro, sino que también debe ser consciente de lo que esta diciendo al hacerlo. Entre todas las peticiones del padrenuestro ésta es la más temible. “perdónanos nuestras deudas, como también nosotros perdonamos a nuestros deudores.” Mateo seguirá con este tema en los dos versículos siguientes, explicando de la manera más clara posible que, según Jesús si nosotros perdonamos a los demás Dios nos perdonará a nosotros, pero si no perdonamos, Dios no nos perdonará. Resulta bien evidente, entonces, que si repetimos esta petición cuando hay algo que nos separa de nuestro prójimo, cuando quedan disputas sin tranzar en nuestras vidas, lo que estamos diciéndole a Dios es: “No nos perdones”. Si decimos: “Nunca perdonaré Fulano de Tal por lo que me ha hecho”, si decimos “nunca olvidaré lo que Mengano me ha hecho” y con todo hacemos uso de esta petición al repetir el Padrenuestro, estamos deliberadamente pidiéndole a Dios que no nos perdone. Alguien ha dicho: “el perdón, como la paz, es uno e indivisible”. El perdón humano y el divino están intrínsicamente relacionados entre sí. No es posible separar nuestro perdón al prójimo y el perdón que esperamos recibir de Dios; ambos están ligados y son interdependientes. Si tuviéramos presente el significado de esta petición, muchas veces, al repetir el Padrenuestro, nuestros labios se silenciarían al llegar a “perdónanos…”
Tres cosas son necesarias para poseer el espíritu cristiano del perdón.
(1) Debemos aprender a comprender a los demás. Siempre hay alguna razón que lleva a las personas a actuar de la manera que lo hacen. Si alguien se comporta de manera muy molestosa o cargosa, o poco amable, o irascible, quizás este atravesando algún sufrimiento o preocupación. Si nos tarta con suspicacia y desagrado, quizás no haya comprendido bien nuestras intenciones, o haya sido mal informado respecto de nuestro carácter. Quizás sea una victima de su medio ambiente, o haya sido desformado por su situación familiar. Quizás su temperamento sea tal que las relaciones humanas le resultan difíciles, y la vida una carga dura de llevar. Nos seria mucho más fácil perdonar si procurásemos comprender antes de permitirnos condenar.
(2) Debemos aprender a olvidar. En la medida en que recordemos , y volvamos a traer a nuestra mente alguna ofensa o herida que se nos haya inflingido, no seremos capaces de perdonar.. Muy a menudo decimos: “no puedo olvidar cómo me trató zutano en aquella ocasión.” Es muy peligroso decir cosas como éstas, porque al final puede resultarnos humanamente imposible perdonar. Solamente el espíritu purificador de Cristo puede limpiar de nuestras memorias toda la amargura y el resentimiento que debemos olvidar.
(3) En tercer lugar, debemos amar. Ya hemos visto que el amor ágape, es esa indominable benevolencia, es invencible buena voluntad, que nunca busca sino el mayor bien parta el prójimo, sin tener en cuenta lo que éste nos haya hecho o piense de nosotros. Ese amor solamente es nuestro cuando Cristo, que es ese amor, viene a habitar en nuestros corazones y no puede venir a menos que nosotros lo invitemos.
Para ser perdonados debemos perdonar, y esta es una condición del perdón que solamente Cristo puede ayudarnos a cumplir.
EL ATAQUE DE LA TENTACION
La vida siempre está bajo el ataque de la tentación. Pero ningún enemigo puede lanzar una invasión hasta no encontrar una brecha en nuestra defensa, ¿Dónde encontrará esa brecha la tentación? ¿De dónde vienen esas tentaciones? Estar prevenido es poseer anticipadamente las armas que nos ayudarán a resistir el ataque, y si sabemos por dónde vendrá el ataque, nuestra probabilidad de vencer será mayor.
(1) A veces el ataque de la tentación viene de afuera de nosotros. Hay personas cuya influencia sobre nosotros es mala. Hay otras personas, en cambio, junto a las cuales sería improbable que nadie siquiera sugiriera una acción deshonrosa. Otros, en cambio, invitan a tales sugerencias y es muy fácil, con ellos, hacer lo malo.
Hay amistades y relaciones que puede ser perjudiciales. En un mundo tentador, el individuo debería ser cuidadoso en la elección de sus amigos y de los círculos sociales donde ha de moverse. S e debe dar la menor ayuda posible a las tentaciones que nos vienen desde afuera.
(2) Uno de los hechos trágicos de la vida es que las tentaciones pueden provenir de las personas que nos aman, de todas las clases de tentaciones, estas son las más difíciles de combatir. Provienen de personas que nos aman, y que no tienen intención de hacernos daño. Ocurrirá, por ejemplo, lo siguiente. Alguien sabe que esta obligado adoptar un determinado curso de acción. Puede ser que se sienta llamado por Dios para dedicarse a cierta carrera. Pero seguir el curso que le determina su impulso quizás signifique para él impopularidad y riesgo. Aceptar esa vocación puede significar rechazar todo lo que el mundo llama “una buena carrera”. Es muy posible que en tales circunstancias las personas que más lo aman procuren disuadirlo de que siga el curso de su llamado, y lo harán precisamente porque lo aman. Le aconsejarán ser precavido, tener cuidado, ser prudente, usar la sabiduría del mundo; quieren que aquel a que ellos aman se haga de una posición sólida y respetable en la sociedad. No quieren que desperdicie sus oportunidades y dones. Y por todo esto, procuran que aquel a quien ellos aman no haga lo que él sabe debe hacer.
Esto mismo fue lo que ocurrió con Jesús. “Los enemigos del hombre” – dijo – “serán los de su casa” (mt 10: 36) Sus parientes había salido a buscarlo para llevárselo, porque se decía de El que estaba loco (mcos 3: 21). Según el punto de vista de ellos, Jesús estaba desperdiciando su vida y arruinando sus posibilidades de “hacer carrera”. Según ellos, estaba convirtiéndose en el hazmerreír de todos. Y procuraron detenerlo. A veces la más dura de todas las tentaciones es la que proviene de la voz de aquellos que nos aman.
(3) Hay una forma muy curiosa de tentación, que taca principalmente a los más jóvenes. Hay en nosotros una veta muy extraña, que en ciertas compañías nos lleva a aparentar peores de lo que somos. No queremos que otros piensen de nosotros que somos “blandos” o “piadosos”, “beatos” o “santos”. Preferimos mil veces que se opine lo peor – que somos terribles, aventureros, hombres del mundo, algo pervertido; nunca, jamás, inocentes. Hay muchos hombres y mujeres que se han iniciado en algún pecado, o se han introducido en algún hábito perjudicial solamente por no parecer menos experimentados, con menos “mundo” que sus amigos o compañeros. Una de las grandes defensas contra la tentación es el simple coraje de estar dispuesto a ser buenos.
(4) Pero la tentación no solamente proviene de afuera, sino de adentro. Si no hubiera nada
en nosotros en que la tentación pudiera
apoyarse, no podría afectarnos ni vencernos. En todos nosotros hay un punto débil. Y es ese punto débil donde la tentación lanza su ataque. En cada uno de nosotros lo vulnerable puede ser algo distinto. Lo que para uno puede ser una violenta tentación, a otro lo deja inmutable. Lo que no conmueve a uno puede ser absolutamente irresistible para otro.
En todo ser humano hay un punto débil. Si no se le vigila puede terminar condenándolo. En algún lugar, en todo ser humano, hay un efecto, alguna falla de temperamento, que puede arruinarle la vida, algún instinto o pasión tan fuerte que en el momento menos pensado puede dar un tirón y romper las riendas, alguna peculiaridad de nuestra constitución que convierte lo que para otro quizás sea un placer legítimo en una verdadera amenaza. Deberíamos darnos cuenta de este factor, y estar en guardia todo el tiempo.
(5) Pero, aún cuando pueda parecer muy extraño, la tentación no siempre proviene de nuestra mayor debilidad, si no de nuestra fortaleza. Si hay algo que todos tenemos la costumbre de decir: “eso jamás lo haría. No me parece que pudiera rebajarme a una acción semejante” Y es precisamente allí donde debemos mantener la vigilancia más estricta. La historia esta llena de episodios en que verdaderas fortalezas han sido tomadas por aquellos lugares donde sus defensores pensaban que estaban tan bien protegidos que no era necesario mantener guardia laguna. La mejor oportunidad de la tentación es el exceso de confianza en uno mismo. Debemos vigilar nuestros puntos débiles y nuestros puntos fuertes.
Hemos pensado en el ataque de la tentación; reunamos ahora las ramas de que disponemos para defendernos contra la tentación.
(1) Está la simple defensa del respeto por nosotros mismos. Cuando la vida de Nehemías corría peligro, alguien le sugirió que se encerrara en el templo y se quedara allí hasta que hubiera pasado el peligro. Su respuesta fue: “¿Un hombre como yo ha de huir? ¿Y quién, que fuera como yo, habría de entrar en el templo para salvarse la vida? No entraré (Nehemías 6 : 11) Se puede escapar de muchas cosas, pero no se puede escapar de uno mismo. Todos debemos vivir con nuestros recuerdos, y si hemos perdido el respeto por nosotros mismos, la vida puede llegar a hacérsenos intolerable. Cuando somos tentados una de las defensas que tenemos es preguntarnos: “¿Alguien como yo va a hacer tal cosa?”.
(2) ESTA LA DEFENSA DE LA TRADICION. Nadie puede traicionar con ligereza las tradiciones y herencias en las que ha sido educado, y que han venido construyéndose durante generaciones. El poder de la tradición es uno de los más potente e la vida. Pertenecemos a una nación, una iglesia, a una familia, somos ex -alumnos de una escuela. LO que hacemos afecta el honor del grupo que pertenecemos. No podemos traicionar con ligereza las tradiciones en que hemos sido educados.
(3) Está, además la defensa de aquellos que amamos y nos aman. Más de uno pecaría si el único castigo que debería soportar fuera que el mismo espera recibir. Peros se salva del pecado porque no podría soportar la mirada de sufrimiento que vería e los ojos de quienes lo aman si arruinara su vida. Podríamos estar perfectamente dispuesto a pagar el precio del pecado, si este nos afectara solamente a nosotros. Pero si recordamos que el pecado hará pedazos el corazón de otros que nos aman, nuestra defensa contra la tentación será más poderosa.
(4) Y STA LA DEFENSA DE LA PRESENCIA DE JESUCRISTO. Jesús no es una bella imagen que aparece en los libros. S una presencia viva. A veces preguntamos: “¿Qué harías si d repente Jesús estuviera parado al lado tuyo?” o “ ¿cómo vivirías si Cristo se hospedara en tu casa?” Pero lo que la fe cristiana afirma es, precisamente, que Jesucristo está junto a nosotros, que es huésped de cada hogar cristiano. El es la presencia ineludible y por lo tanto toda nuestra vida la vivimos frente a El Y DEBEMOS TRATAR DE QUE SEA UNA VIDA QUE EL PUEDA VER.- Una poderosa defensa contra la tentación, que está a nuestro alcance, es el recuerdo de la presencia constante de JESUCRISTO en nuestras vidas.
